Un millonario con cáncer.

Parece una contradicción, pero no lo es. Mientras  la calificación crediticia internacional reconoce al Perú como un país con una economía sana, la seguridad  ciudadana anda enferma y a punto de colapsar.

Es como decir que la gente  en Lima gana el dinero suficiente para pagarse su propio funeral.  Muchos creen que un crecimiento económico supone  un incentivo para mayores robos y asaltos, aunque no  siempre es así. Lo que ocurre  es que cuando un país  lleva disparejas  sus finanzas y la educación, para un ejemplo concreto, suceden estas lamentables contradicciones.

Un cuerpo mitad sano y mitad enfermo. La  imagen del millonario con cáncer o del mendigo sentado sobre un cofre lleno de oro ha recorrido el mundo como paradigma del Perú en más de una ocasión.

En realidad, no es bueno ni lo uno ni lo otro. Tal quisiéramos un reconocimiento más justo o más real, que no siempre es lo mismo, pero los organismos encargados de emitir tales calificaciones no siempre conocen la verdad de una nación.

¿Y es tan necesario que la conozcan?  Dicho de otro modo ¿Debemos lavar nuestros trapos al sol? Creo que empezar con reconocimientos internacionales debería ser el final de un largo proceso de esfuerzos y transformaciones por revertir la realidad de este país y no al revés, pues corremos el riesgo de “dormirnos sobre los laureles”.

Y ese es el peor peligro. Creer que estamos bien.

Si usted escucha a muchos de los gobernantes que han pasado por nuestro sillón oval, todos, absolutamente todos, creen que hicieron un buen gobierno y que el país no les ha reconocido el esfuerzo y la abnegación. Y mencionan cifras y obras realizadas y todo eso es verdad, pero no llena las expectativas del pueblo que los eligió ni logran profundas y sustanciales transformaciones como tanto nos hace falta.

Tampoco es bueno un país donde todo lo someten todo al exhaustivo análisis y escrutinio del respetable público, frecuentemente a partir de la vulgarización y un entremetimiento desmedido de la prensa nacional y local, pues suele suceder como en el futbol, que amen las decisiones que tome el director, los fanáticos se las critican si la jugada sale mal, pero lo vanaglorian si sale bien, aunque tenemos una oposición tan “opuesta”, que se encarga con mucha eficiencia que las cosas buenas no salgan del tono necesario.

Recientemente dos pasajeros conversaban sobre los gastos del país en traer las muchas delegaciones del mundo entero reunidos en Lima para hablar sobre cambio climático y la discusión versaba sobre si ese dinero se pudo utilizar mejor en tal o mas cual cosa. Llegaron incluso a renegar sobre los propósitos y éxitos de esa reunión, planteando que buena parte del dinero gastado en ese congreso probablemente se los habian robado las autoridades y por eso aumentaban las cifras de gastos y bla, bla, bla…

¿Eso es democracia? Hay cosas que desesperan y uno se percata que por ese rumbo, este país puede convertirse en una nación perfectamente ingobernable.

Leave A Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *