LA CULTURA ACTUAL

MSc. Eglis Gaínza

El nuevo ordenamiento económico y psico-cultural “exige homogenizar patrones de consumo, y esto no se logra tan sólo mediante agresivas políticas económicas ni mediante propagandas publicitarias centradas en la oferta de los permanentemente renovados productos. Lo que se difunde es, ante todo, un modelo cultural que genera actitudes y motivaciones orientadas a adoptar nuevos estilos y formas de vida, más allá e independientemente de las formas concretas que unos y otros asuman.  

Este nuevo modelo se transmite generando diferentes procesos de identificación y valoración subjetiva; es decir, produce nuevas formas de identidad y reconocimiento social, compartidas en torno a la nueva promoción de diversos ideales colectivos. En el orden cultural actual, lo que se transmite identitariamente a la esfera psico-cultural de la subjetividad es la reiteración de patrones de consumo que surgen de modelos de producción universalizados.

Se configura así un conjunto “globalizado” de la población, modelizado por una lógica del mercado. Se concreta así la divulgación de un mismo orden cultural que, como modelo concentracionario de consumo, impone un ideal psicocultural del que una mayoría de la población necesariamente quedará segregada, y que, a medida que pasa el tiempo, margina a los sectores menos consumidores en cada vez mayores proporciones.

La fatal combinación de poder económico y fomento globalizado del consumo se transforma en la amplificación de un modelo psicocultural identitario, que requiere del ciudadano cada vez mayores signos de pertenencia consumista (tarjetas de crédito, teléfonos celulares, cable TV, etc.).

La resultante es una espiralada carrera contra la pobreza, entendida ésta como carencia o disminución del consumo. A la generosa oferta de financiaciones de todo tipo (desde electrodomésticos hasta viviendas) se asocia entonces el mayor crecimiento proporcional de morosos. No obstante, el déficit señalado ya está en los cálculos de financieras y entidades bancarias!!

La identidad colectiva propuesta por el nuevo orden cultural globalizado, se estructuraría en torno a una pertenencia conjuntista-identitaria que hace eje en el factor consumo, en la medida en que las decisiones de comportamiento del mercado están cada vez más controladas por los grandes holdings monopólicos. De este modo, indirectamente, los intereses de una minoría concentrada se expanden y difunden como modelo de exclusión social de una gran mayoría. Buscando el rédito permanente los monopolios trasnacionales contribuyen a la sensación social de un mundo global, donde en todas las ciudades los millones de consumidores pueden consumir lo mismo: lo que los grandes monopolios proponen. Enfrentada de semejante forma a tales intereses “mundiales”, la subjetividad queda restringida a modos y canales de expresión notablemente diferentes a los que se conocían hace apenas una décadas atrás.

Pues, las particularidades y singularidades que distinguen a lo subjetivo, se difumina como una silenciosa claridad en el fulgor restallante de la oferta identitaria de la cultura actual.

Toda diferencia se incorpora rápidamente al sistema de consumo, se asimila, se transforma –marketing mediante- y se vende: como “alternativo”, “étnico” o “souvenir”.